Siempre me he preguntado cómo sería la mirada de Jesús. ¿Cómo sería que te mirara a los ojos y qué podrías ver en ellos? Me imagino una mirada llena de paz, de solidaridad, de entendimiento (eso que ahora llamamos empatía), pero sobre todo de AMOR. Amor puro, grande e infinito.
Un Amor que te alcanza ahí mismo, en ese momento, con tus fallas, con tus defectos y en tus peores momentos. Sentirte amado por Aquel que conoce lo más íntimo de ti, incluso esos pensamientos y deseos que ni tú mismo quieres admitir.
Ese que ve las cloacas más profundas de nuestro ser y aun así nos mira con ternura, con un amor más profundo que el océano.
El impacto en Zaqueo
Qué impresionante debió ser esa mirada que transformó la vida de Zaqueo. Fue tan poderosa que convirtió a un «pillo» (ratero, «malandro» y todos esos nombres que usamos en nuestros países para el que se apropia de lo ajeno) en un hombre generoso.
El Evangelio de Lucas (19, 1-10) cuenta cómo Zaqueo se sube a un árbol para ver a Jesús. Tal vez solo movido por la curiosidad de ver a Aquel de quien todos hablaban. Pero entonces Jesús, que aprovecha cualquier oportunidad para acercarse a nosotros, lo sorprende diciéndole que va a quedarse en su casa.
Zaqueo, conmovido, responde que dará la mitad de sus bienes a los pobres y devolverá lo defraudado multiplicado por cuatro.
Lo que me asombra es que Jesús no le pidió nada, mucho menos le reprochó su mal comportamiento. Solo lo trató como amigo. Y ahí me pregunto: ¿qué vio Zaqueo en esos ojos que lo llevó a regalar lo que había pasado la vida acumulando?
La mujer “pecadora pública”
Lo mismo ocurrió con la mujer acusada de adulterio (Juan 8, 3-11). Una pobre mujer de la que la Biblia ni siquiera recuerda el nombre. Si de por sí la mujer en tiempos de Jesús era poco tomada en cuenta, ¡imagínate una mujer de “mala vida”!
Siempre la miraban con lujuria o desprecio, pero ella, por primera vez, se encontró con la mirada pura de un hombre. Cómo se sentiría al encontrarse con unos ojos que no solo no la juzgaron, sino que ESE hombre, aun conociendo sus errores, la defendió de quienes querían hacerle daño.
La mirada de Jesús le devolvió su dignidad y en sus ojos encontró protección.
La mirada que hizo llorar a Pedro
Luego está Pedro. Él niega a Jesús y se encuentran en la casa del sumo sacerdote (Lucas 22, 54-62). El Evangelio dice que, tras cruzar miradas, Pedro salió y lloró amargamente.
Mi teoría es que Pedro no lloró porque vio reproche en los ojos de Jesús, sino todo lo contrario: porque en esa mirada encontró un “te entiendo, te comprendo y te amo igual”. Y eso quebró su corazón.
En una situación así de extrema, se le estruja el corazón a cualquiera.
El evangelista no usó la palabra “amargamente” al azar. Nos recuerda que Pedro, rudo e impulsivo, lloró como un niño. ¡Wow! Creo que cualquiera de nosotros hubiera hecho lo mismo.
El verdadero amor en nuestra fragilidad
Todos hemos vivido momentos así:
- Cuando caemos en cuenta de lo mal que hemos actuado.
- Cuando traicionamos la confianza de alguien.
- Cuando damos la espalda justo cuando más nos necesitaban.
Y, aun así, recibimos un abrazo, un perdón, un “te amo”. Eso es AMOR verdadero. Si eso es posible entre seres imperfectos como nosotros, ¡imagina experimentarlo cara a cara con Jesús!
La buena noticia de hoy
Aunque hoy no podamos ver físicamente a Jesús, sí podemos sentir su consuelo, su abrazo y su protección. Puede que no veamos “sus” ojos, pero Jesús nos mira a través de ojos humanos que nos acogen, nos aman y nos perdonan.
Su mirada compasiva sigue viva y presente en nuestro mundo. Él también nos habla directo al corazón cuando lo dejamos entrar en nuestra oscuridad.
Así que, cuando la vida se llene de ruido y voces que te condenan, recuerda que Jesús:
- Nunca te acusará.
- No te llamará “desgraciado” ni te dirá que no tienes remedio.
- Siempre te mirará con ternura.
Su mirada es AMOR, perdón y una invitación constante a vivir una vida mejor.
—
👉¿Te inspiró esta reflexión? ¡Compártela en tus redes y visítanos en Facebook para seguir creciendo juntos!
OPERACION FELICIDAD Inspiración en bienestar emocional, salud, relaciones, fe y mindfulness para brillar desde dentro.